Profesora Kundalini yoga

Muchos profesores de Kundalini Yoga provienen de distintas tradiciones del yoga o de una carrera en el mundo deportivo o del fitness. Ese no es mi caso. Antes de encontrar esta forma de yoga, había probado diferentes estilos de yoga en Europa pero no podía conectar con ninguno. En cuanto a la preparación física, había dejado de practicar deportes cuando terminé la escuela secundaria, a los 16 años. Llegué al Kundalini Yoga simplemente como una persona que buscaba una manera de “estar mejor”, algún método para sanar, física, emocional y mentalmente. [Pulsa en "Leer más" abajo para más detalles] Desde la primera clase sentí que este yoga era diferente de cualquier otra cosa que había probado. Con bastante rapidez me di cuenta de que el Kundalini Yoga te invita a un viaje dentro de tu propio mundo, lo que te pone al alcance de tus desencuentros (malestares, traumas...) más profundos; es decir tus experiencias traumáticas que no han sido resueltas, y que has ocultado en una niebla en tu memoria para evadir el dolor y el sufrimiento. Lo diferente de este método es que antes de siquiera reconocer lo que te está ocurriendo, ya estás trabajando con las herramientas necesarias para restablecer el equilibrio donde hay una disfunción. Así que no hace falta revivir el pasado conscientemente para corregir lo que se había quedado impreso en ti , dejándote fragmentado. Aunque se pueden apreciar resultados físicos en cuanto a la salud, vitalidad, mejor silueta y una imagen del cuerpo más armoniosa, estos no son más que algunos de los subproductos positivos de este proceso. El objetivo del Kundalini Yoga va más allá de lo corporal para enfocarse en la totalidad del ser humano. Me quedé fascinada con esta técnica porque finalmente logré obtener respuestas y herramientas prácticas que me ayudaron, después de tantos años de búsqueda. De un programa de formación a otro, llegué a ser una profesora completamente capacitada sin ni siquiera darme cuenta de ello, pues todavía estaba centrada en mi propia historia. En un momento dado se me ocurrió que nada era más importante que transmitir este regalo, “dar adelante” y compartir con los demás las herramientas y el conocimiento que me ayudaron a recobrar una vida libre y llena de entusiasmo y vitalidad. Hoy día, como profesora, mi enfoque es recrear un espacio seguro y sagrado que permita a los estudiantes encararse a su propio proceso sin ser distraídos o seducidos por artificios externos. En clase invito a preguntar y trato de explicar el funcionamiento y la dinámica del método. Me gusta crear un diálogo con los estudiantes para que se entienda como actúan las posturas y las diversas técnicas utilizadas. Mi meta es que cada uno pueda salir de clase con una experiencia personal, un entendimiento más profundo de si mismo y herramientas practicas que poder utilizar.